Tranquilo, familiar y revitalizante.
La tranquilidad y paz del lugar. Apartado, pero bien conectado con los pueblos cercanos.
La impertinencia de los inquilinos que llegaban el día de nuestra salida. Nada que ver con los anfitriones pero si con la cara dura de los que se creen que por pagar, pueden llegar cuando quieren sin respetar los horarios establecidos. La propietaria, pese a no estar físicamente, muy amable y disponible. Da gusto encontrarse con gente así.